La Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor
es un instituto religioso apostólico internacional de derecho pontificio;
las hermanas que la integran han sido llamadas a una misión de reconciliación,
que realizan a través de dos estilos de vida: el contemplativo y el apostólico.
Este ministerio de caridad y evangelización está dirigido a las mujeres y niñas
heridas por el pecado- propio ó
ajeno- y a sus consecuencias, siendo las
religiosas solo humildes mediadoras de
la sanación y liberación que solo Jesús puede dar y que testimonia el valor de
cada persona. También María, Madre de
Jesús es madre de instituto y modelo de
la vida consagrada.
Este compromiso
con la reconciliación exige la promoción de la Justicia y Paz, en un mundo
perturbado por el pecado y el conflicto.Las Hermanas capitulares, representando
a todas las Hermanas del Buen Pastor, declaran:
“Nos comprometemos a responder a los
sufrimientos del mundo que nos llama a los márgenes… dando pasos audaces para
utilizar eficazmente nuestros recursos internacionales, tejer redes, y trabajar
con celo en favor de las mujeres y niñas/os, en especialmente de aquellas/os
oprimidos por la pobreza extrema. Apoyamos proyectos a favor de la justicia
económica, hacemos frente a sistemas injustos y asumimos una “postura común” cuando es pertinente”.
Salmo 22:
El Buen Pastor
El Señor es mi Pastor,
nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
En verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.